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martes, 24 de noviembre de 2009

Silencio, porrr favorrr.

20 años y la concha de la lora. Me tienen cansada con la falta de respeto, esa gente que me mira y lo mismo se cuelga hablando. O lloran. La gente se muere, punto. Los abuelos se enferman, punto. ¿No lo entienden todavía? ¡La vida tienen un ciclo, un principio y un fin, carajo! ¿Que tiene que venir, Freud a explicárselos? Dios, tanta sensibilidad me agobia. La gente nunca crece emocionalmente, siempre retroceden. Se me apretujan en la geta para llorar y victimizarse por lo que les toca vivir. A mi también se me muere gente, ¿¿¿y que??? Yo no les quemo la cabeza.

¡Ay me tienen hinchados los ovarios! Los peores son mis colegas. Si les contara yo…
¡¡Los residentes!! Que manga de chupa culos, loco. ¿No se cansan, che? Una manada de residentes que le chupan el culo a los médicos, las enfermeras que le chupan el culo también, porque están semi enamoradas, del talento, claro. Los pacientes, todos… al final esto es una orgía de chupa culos que fantasean con triunfar gracias a chupar un culo. ¿Qué es esto? Rompete el culo en lugar de chupar uno ajeno. ¡¡Que mediocridad, por favor!!

Y las enfermeras no somos todas lindas. Desmitifiquemos esa idea pelotuda que no se quien la inventó. Osea, NO… es mentira. Viste, viene el pelotudito caliente y se cree que se va a bajar el pantalón para que le pongan la inyección y que va a venir una nose, Scarlett Johanson vestida de enfermera con los labios bien rojosy las tetas bien paradas, y le va a guiñar el ojo antes de la inyección y después como mínimo nose, hacerle un pete. O de última le chupará el culo también y así se une a la orgía generalizada del hospital. Tamos todos locos.

La otra vuelta llega el partero, que es casi una ceremonia cada vez que entra porque tiene un semi parecido así a esteee... Keanu Reeves, que no se que historia tienen las mujeres con este Keanu, que no se si es chino o japonés… Pero bueno, llega el partero, perdón obstetra viste porque no le podés decir partero el tipo es obstetra y le gusta el nombre… Puta, lo único que hace es sacar a la criatura de adentro de la panza, que tenés que esperar a que se acomode, porque es un bardo sino… y la que hace el laburo es la madre que se desgarra todos los músculos de las piernas que los tiene inactivos a partir del tercer mes de embarazo, porque olvidate de que el marido la toque para tener sexo, con la panza y todo lo que viene con el embarazo y los 20 kilos de más… ¿viste? En fin, se queda muerta la mina después de horas y horas de pujar y pujar, gritando como nunca pensó que iba a gritar en su vida, totalmente agotada y bañada en sudor… pero claro, el tipo es obsteeeeeetra. Y olvidate de que los maridos hagan algo y participen. No... Ni hablar. ¡¡El único que se anima a entrar a la sala de partos, es el que viene con la camarita para documentar el momento del nacimiento, por dios... ¡¡pasa TODOS los días del año!! ¿Que le van a mostrar al hijo cuando cumpla 18 años? Vení vamos a ver tu nacimiento… ¡¡que lindoooooo la concha de mamaaaa!!

Pero bueno cuestión que entra el obsteeetra y pasa por adelante mío 50 veces, hablando por el teléfono celular, otras 5 veces que les suena el beeper de los partos… y el tipo inmutado por mi pedido de silencio. Y yo que me quedaba en el molde, me apretaba los dedos, se me ponía la cara cada vez mas roja... casi me tenía que salir del cuadro y gritarle ¡¡¡Callate hijo de puta!!! Da el ejemplo, por lo menos. Y el tipo va y viene, tiene 30 partos por día, porque todas se preocupan de que el médico que les va a sacar al hijo sea lindo, porque las va a ver pujando en bolas… Digo, ¿qué te pensas que a esta altura de su carrera al tipo le calienta ver una concha en pleno parto?

Por necesidad.

Tengo una zapatilla mojada y un vago recuerdo de cómo terminó así. De a ratos me río sola, cuando me acuerdo de algunos momentos de lo que fue la noche de ayer. Y por momentos dudo, no creo saber bien si lo que pienso que pasó, en verdad pasó o es sólo parte de un sueño que no logro despegar de la realidad. Me ayuda mirar mi muñeca izquierda, porque encuentro algo que no es de ella y entonces pienso en dónde estará la pulsera que antes ocupaba ese lugar y la imagino volando por los aires, bien arriba, donde suceden los gritos que provoca la adrenalina, pero que no se escuchan desde donde me encuentro. De golpe mis labios me recuerdan que no estuvieron solos, y mis manos me cuentan que tocaron otras manos. Y mis ojos, que extrañan la mirada de otros ojos, no pueden entender por qué éstos se escondían hace unas horas. Mi mente no para de dar vueltas y piensa, piensa mucho, tanto que se ahoga en un mar de incertidumbres y no logra decidir qué pensamientos tener acerca de los momentos que recuerda. Entonces una voz ajena, pero amiga la tranquiliza y así me deja a mí continuar con este día siguiente. Me voy a bañar para devolverle a mi piel su propio perfume, que ha sido opacado, quizás por el de un circo de gente bailando, y vuelvo a ver mi muñeca izquierda, lo que me da la seguridad de que puedo pensar en otro día. Un día en el que aquella pulsera que andaba volando, pueda volver a ocupar su lugar y entonces yo pueda volver a verte y a lo mejor, cantarte una canción.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Domingo a la mañana.

Estás en tu cama, completamente rendida. Buscando la manera de abrir los ojos sin que la luz entre tan de golpe que haga que te duelan.
Sentís como tu cabeza todavía da vueltas.
Sentís los parpados pesados, la boca seca que pide a gritos un vaso de agua.
De a poco percibís ese olor a humo de cigarrillo, mezclado con un poco de cerveza o fernet y sentís tu cuerpo sucio, tus pies sucios. Te sentís sucia.
Intentás pensar que todavía estas soñando y podés volver a despertarte de otra manera, de alguna mejor, pero no, es imposible.
Ante la falta de fuerzas, poco a poco vas deslizando las sábanas hasta que tu cuerpo queda descubierto del todo, soportando el frío. Muy despacito levantas la cabeza, pero al ver tu cuerpo tan vencido volvés a recostarla sobre la almohada.
Unos minutos después la volvés a levantar y ésta vez sin mirar, te incorporás del todo.
Sacás tus piernas afuera de la cama y muy a pesar tuyo te ponés de pie y empezás a caminar.
Cada paso que das retumba en tu cabeza y cada segundo que estás un poquito en el aire tenés miedo de caerte. Llegas al baño, pegás tu cara al lavatorio y con tus manos muy debilitadas le echas agua, una y otra vez hasta sentirte del todo despierta y tomás agua hasta sentirte del todo saciada.
Levantás la vista, mirás el espejo y entonces, lo inevitable. Casi ni te reconocés y cuando finalmente lo hacés te cuesta aceptar que en verdad es tu rostro el que se ve reflejado ahí. Ese que ahora se siente mejor porque el agua que tomaste va hidratando de a poco cada una de sus partes.
Pero la que no se siente bien sos vos.
Intentás recordar qué fue lo que te llevó a este estado pero es imposible, o quizás se puede, pero preferís no hacerlo.
Te preguntás si habrá alguien en el mundo que se esté sintiendo igual, o peor. Y realmente deseás que alguien se esté sintiendo peor para poder cargar con menos culpa, aunque eso no anularía el hecho de que hoy te encontrás en falta.
De repente vuelven algunos recuerdos a tu mente. Te acordás en donde estuviste, con quien o quienes, que fue lo que hiciste, que tomaste o que te dieron y aceptaste, como llegaste allá, como volviste a tu casa.
Y finalmente te das cuenta de que la pasaste bien, sí, pero también te das cuenta de que eso ni siquiera se acerca a ser algo que haga que valga la pena el estado en el que te encontrás ahora mismo.
Te sentís estúpida, frágil, idiota, inmadura, cansada, vulnerable, angustiada, triste, perdida, trivial, sola, vacía… y llorás… llorás mucho.
Tanto, que hasta vuelve ese dolor de cabeza que había logrado desvanecerse y en unos pocos minutos te encontrás empapada en tus propias lágrimas.
Un rato después, ya con tu cuerpo limpio y perfumado, disfrazando un poco o al menos queriendo disimular esa tristeza que te invade por dentro, salís de tu casa.
Quizás te cruzás con algún vecino o vecina a quien le sonreís de la manera más amargada que jamás le habías sonreído a alguien. Bajás las escaleras y salís al aire libre, al sol.
Y entonces empezás a caminar, y con cada paso te vas recuperando.
Y así, te alejás.
Vas dejando atrás todo ese fracaso y empezás a mirar hacia adelante, buscando una meta, un aliado, algún abrazo y tratando de encontrar un nuevo camino que de alguna manera pueda ser el tuyo.