lunes, 22 de marzo de 2010
Queremos azul, pero a veces es violeta.
Testimonio de una noche nefasta.
Siempre es bueno y sano reírse de una de éstas noches.
El principe azul no existe chicas y en los tiempos que corren una tiene que salir a levantar.
Hay que mirar mucho, estar atenta.
Los detalles son indispensables.
Las señales, por favor, no las pasen por alto.
El bombón que está atrás tuyo en la cola del boliche, puede ser el hijo de puta más grande.
Y el que te mira de lejos y después de horas se acerca tímidamente a invitarte un trago, puede ser el amor de tu vida.
Lo que pasa que siempre nos dejamos maravillar por el bombón y al tímido lo terminamos catalogando como un tarado sin actitud.
Nosotras lo queremos todo.
Tenemos la lista armadita en la cabeza y vamos tachando a medida que lo vamos conociendo.
Buenmozo.
Buen tipo.
Simpático.
Que le gusten los niños.
Que nos haga programas de día.
Que esté recibido y tenga laburo.
Y que encima gane bien.
Que se vista bien.
Que nos invite todo.
Que sea presentable y educado.
Y sigue...
El tema es cuánto estamos dispuestas a resignar, por enamorarnos y tener un hombre al lado.
Claro que hay que mirarles las zapatillas, siempre.
Pero en una de ésas, el amor te pasa por al lado corriendo, y eso que las de correr no catalogan, pero cuando las oportunidades escasean hay que tener ovarios para dejarlas seguir corriendo.
No se.
Una noche nefasta es muy divertida.
Pero después de veinte como ésta, andá a encontrar la actitud.
Un poquito y un poquito.
Ningún extremo es bueno.
No se ustedes, yo ya lo encontré.
lunes, 22 de febrero de 2010
Por una buena convivencia.
Ya sabemos que no existe y más aún cuando de hombres se trata.
Pero un poco de voluntad no vendría nada mal.
No nos parece atractiva esa idea que ustedes tienen de macho argentino, que cuanto más reo más nos gusta, más nos calienta.
Solamente Brad Pitt es sexy cuando tiene pinta de sucio, con melena y barba desprolija.
A ver si me explico...
Del pico de la botella, no se toma.
Los mocos, con una carilina y en el baño.
(El dedito en la nariz queda realmente desagradable.)
Ropa sucia en el TACHO DE LA ROPA SUCIA.
Cambiarse el calzón es saludable.
Bañarse es NECESARIO.
Perfume, por favor, perfume.
Jean roto, pasó de moda.
De so do ran te.
No te rasques las bolas todo el tiempo.
Mejor dicho no te rasques las bolas, punto.
Existen los hisopos, sí.
Si comiste ajo avisa antes hdp.
El bidet después de usarse, SE ENJUAGA.
Si es que por un acto de profunda inspiración se te ocurre cocinar, prendé la campana o en todo caso el extractor.
El control remoto no es tuyo.
La esponja del baño tammmpoco.
¿Piojos? Osea, ¿PIOJOS? No. Rapáte. Ya. URGENTE.
La vista de la raya del culex, dejasela al plomero.
Cada tanto sacá la basura vos.
La casa por la ventana tirala, pero al día siguiente ocupáte.
Los pelos de la ducha.
La pasta de dientes... ¡de abajo para arriba!
La frenada en el inodoro puede limpiarse.
La ropa de correr sucia y bien chivadita, no va con toooda la otra ropa sucia.
Que el jabón del baño quede como lo encontraste.
La tabla del baño se sube y después SE BAJA. Siempre.
Y por favor, por favor POR-FAVOR... si la salpicás a la tablita LIMPIALA.
miércoles, 17 de febrero de 2010
Mujeres y resentidas.
Cada vez que le agregamos un subtítulo machista a cada cosa que hacemos nos alejamos de lo que en verdad somos. No podemos cocinarles sin pensar que somos sus sirvientas, ni lavarles la ropa sin pensar que somos sus esclavas. Si nos abren la puerta del auto, nos tratan como débiles y si no lo hacen, son unos desonsiderados.
Cada vez que le ponemos tanto entusiasmo a marcar que somos iguales o incluso mejores que ellos, nos creamos nuestra propia lucha contra nosotras mismas, marcando una diferencia que ni siquiera existía en primer lugar. Y en esa lucha perdemos, porque luchamos contra el enemigo equivocado. Nos hacemos nuestras propias enemigas, cuando deberíamos estar luchando contra ellos. No contra todos, pero sí contra los que nos denigran, sí contra los que nos insultan, sí contra los que nos quieren meter una batería en la espalda y darnos cuerda cuando se les canta.
No seamos feministas solamente por declararnos valientes y justicieras. Seamos feministas para buscar una igualdad que sí nos corresponde, una igualdad que nos merecemos, pero una igualdad que no va a llegar hasta que nosotras mismas no creamos en su existencia.
Aquellas que se sienten menos que ellos por el simple hecho de ser mujeres, no pueden declararse feministas. Nosotras sí podemos. Nosotras no queremos ser hombres, no queremos el miembro para mear paradas y sentirnos guapas. Nosotras queremos la igualdad que nos merecemos simplemente como mujeres.
jueves, 17 de diciembre de 2009
Dejemos libre a nuestro pájaro carpintero.
Que estás todo el día dandole vueltas al mismo tema.
Que no sabés si llamarlo o esperar a que te llame.
Que te preocupas por esos kilos de más.
Que te deprimís cuando no sabés qué ponerte.
Que llorás cuando te putean mientras manejás.
Que no te decidís por ninguno de los dos.
Que ninguno te viene bien.
Que no sabés si pedirte una cerveza o una coca light.
Que te tentás con el pan de la entrada, pero te reprimís.
Que te mirás la panza esperando tener los abdominales de Jessica Cirio.
Que vas al gimnasio todos los días y no ves un puto cambio.
Que te tratás de levantar al kiosquero, pero ni siquiera el te sube el autoestima.
Que esperás el piropo de los obreros, pero justo ese día no te lo dan.
Que te "lookeas" entera y justo esa noche EL no está.
Que te querés morir cuando te piden documento los patovas.
Que te querés matar cuando NO te piden documento los patovas.
Que a la mañana siguiente, dos cigarrillos parecen haber sido DIEZ.
Que empezás una dieta todos los lunes.
Que te ves fea.
Que te sentís gorda.
Que mirás a su novia con celos.
Que lo mirás desde lejos y no te animás a hablarle.
Que no sabés qué decirle cuando te lo cruzás en la calle.
Que no sabés cómo decirle que no lo querés más.
Que no encontrás el momento para tirarle onda.
Que no sabés si estás enamorada de él o del "estar con alguien".
Que no te querés probar un bikini en diciembre ni en pedo.
Que cerrás la boca dos semanas antes de ese casamiento, pero no hubo caso.
Para vos.
Que la luchas todos los días.
Que sos digna de ser mujer, pero te sentís una nena.
Tenéte envidia.
Enamoráte de vos misma.
Miráte y gritá: HOY MATO.
Queréte.
Cuidáte.
RE LA JA TE.
Dejá libre a tu pájaro carpintero y viví esta vida tan linda.
Disfrutá de ser mujer, no lo padezcas.
VOLVETE AL ARBOL.
VOLVETE AL ARBOL.
VOLVETE AL ARBOL.
Carrera de Egos.
Pero es raro saludar a alguien por la calle cuando te encontrás a la par, ¿no? Como que es mucho más fácil chocarte y sorprenderte de que lo conocés, encontrarte de frente y saludarse así como viene caminando cada uno o saludarte de una vereda a la otra, pero cuando te encontrás a la misma altura, por la misma vereda, es medio complicado el saludo. No sabés si frenar a darle un beso o no frenar y simplemente darle un beso mientras seguis caminando; y si te quedás charlando no sabés si vas a quedarte diez cuadras charlando con esta persona o diez metros; y si no te da para charlar es raro, porque te saludás y después te despedís, pero los dos siguen caminando en la misma dirección. ¡Rarísimo! Cuestión que tooodo esto pensaba yo mientras decidía si saludar o hacerme la boluda. El tema es que quería saludar, pero no sabía qué decirle. Si gritarle el nombre, o tirar el clásico "ch, ch, que hacés?", hasta pensé en adelantarme un poco y hacerme la que miraba para atrás y de repeeente me encontraba con su cara. Per como es de esperar opté por hacerme la boluda y no saludar un carajo.
El tema era que este pibe nunca agarraba otra cuadra, siempre iba en mi misma dirección. Entoncés me adelanté y le dí la espalda, y a los 5 segundos el hizo exactamente lo mismo. "El hijo de puta me reconoció y tampoco piensa saludarme", pensé. Entonces volví a caminar más rápido que él para darle la espalda, duré un buen rato así. En un momento pensé en acercarme y tirarle un "¿Vamos a competir mucho tiempo más? Porque ya estoy cansada," pero me acobardé. Mientras tanto me lo imaginaba atrás mío, mirando mi tatuaje como referencia para no perderme de vista y en unos segundos sacarme de vuelta un poco de ventaja. Claro que al toque lo logró, maniobrando se fue un poquito para la calle, volvió a la vereda y se me adelantó. Y ahí estaba su remera negra, su pelo lacio y sus perfiles. Claro, sus perfiles, porque el tipo me mostraba su cara lo más que podía, primero miraba para un lado y después para el otro, para dejar bien en claro que así como yo sabía que él me había reconocido, el también sabía que yo lo había reconocido y que eramos dos orgullosos de mierda que no pensaban saludar. Porque de última, apenas nos vimos, nos podríamos haber saludado y ya, pero ahora ya estabamos inmersos en una competencia, ninguno iba a agachar la cabeza, abandonar y saludar al contrincante. Así estuvimos unas cuadras hasta que llegamos a Santa Fe y Callao. "Gran intersección, a lo mejor acá termina todo", pensé. Yo tenía que doblar, entonces me adelanté y el semaforo justo cambió a mi favor. Crucé Callao mostrándole mi espalda, como símbolo de mi triunfo. Obvio que había ganado yo, si él habia quedado atrás, esperando que el semáforo cambiara para cruzar Santa fe y ahora yo estaba avanzando. Así salí ganando la carrera de egos que nuestros pies habían empezado en Santa Fe y Uriburu. Sí, desde Uriburu arrancó la boludes. Seguramente el muy macho, se fue pensando que él había ganado. No se porque, pero seguro alguna excusa encontró para sentirse victorioso. Eso sí, yo no me fui arrepentida de no saludar. Hasta me pareció divertido no saludar y jugar una pequeña carrerita. No se. Algo me dice que a él la carrera no le gustó ni un poco y se fue pensando "¡Cómo no la saludé a esta mina, soy un boludo!" ¿Me equivoco? Me quedo con la duda.
viernes, 11 de diciembre de 2009
Muda.
Pendeviejo - ¿Qué gusto tiene la uña?
Yo - ...
Pendeviejo - Depende de dónde haya estado el dedo antes, me tenés que decir.
(Que asco que me dio, imaginé lo peor.)
Pendeviejo - Yo digo, que machismo, ¿no? ¿Por qué Papá Noel y no una Mamá Noel?
Yo - Si... Nnnose. Está la Virgen María.
Pendeviejo - Ja, ja, ja. Buen fin de semana, lindura.
Yo - Igualmente.
(Y Papá Noel se pone barba blanca, blanca. Con canasssssssss.)
I have a date. ¿Qué me pongo?

A quién no le pasó.
Te invitó a salir, finalmente.
Ya te dijo que te pasa a buscar a las once y media.
Ya te conocés tu ropero de memoria, y sabés exactamente la ropa que tenés, pero igual se te ocurre imaginarte una manera de vestirte que es imposible de lograr con tu ropa, porque no tenés los zapatitos que acabas de ver en la revista, que estaban combinados perfectamente con un pantalón que tampoco tenés y una remerita divina que jamás podés tener, y encima todo eso lo tiene puesto una modelo con un lomazo que TAMPOCO tenés. Entonces si tuvieras su ropa, ni siquiera te quedaría como imaginás que te puede quedar mientras ves a la anoréxica posando en la Cosmo.
Empezás por el conjunto básico, que estás cansada de repetir en las primeras salidas, pero bueno, te sentís cómoda, es un look sweety que re da, porque no vas a salir por primera vez con un tipo hecha una femme fatal, con algo que diga por todos lados "soy tuya".
Pero el problema es que HOY, justo HOY, el conjunto "caballito de batalla" NO te queda bien, no te gusta ni un poco porque te hace gorda, no estás quemada para la pollerita o de repente tenés más panza de lo que pensaste que tenías. ¡¡¡Y es ridículo, porque es la misma ropa y es basicamente el mismo cuerpo!!! Pero ese espejo de mierda te recaga la vida, y no te muestra divina, entonces chau opción uno, descartada. ¡La puta madre, que hago!
Seguís revolviendo y encontrás ropa prestada, pero te la probás y te acordás de que siempre le había quedado mejor a la dueña. Encontrás ropa del año del pedo, pero te sentís que ya fue y no da ponerte eso. Cuestión que hace ya 40 minutos que te estás cambiando y de repente, se te ocurre volverte a probar LO PRIMERO que te habías puesto, pero que descartaste porque querías "cambiar un poco de onda". Y cuando te lo pusiste y te miraste al espejo te quedaste copada con como te queda, y decidís ponerte eso. Entonces al final hiciste un quilombo en tu cuarto, te deprimiste con mil conjuntos que te quedaban como el orto y terminaste poniendote LO PRIMERO QUE TE HABIAS PROBADO. Tu idea de vos misma ya está mucho más lejos de ser una loca de mierda, pero bueno, así somos y por lo menos ahora estás contenta y te podés pintar tranquila. Eso sí, te pintás poquito, porque no da salir hecha una diosa hiper producida. La imagen que querés dar es la de, "me puse cualquier cosa y me

En fin, para la próxima, desesperate menos, no quieras cambiar de onda, ponete lo que te hace sentir linda y salí a la calle con actitud. Después de todo Beyoncé y JLo bailan con esos flor de ortos y nadie dice que son gordas. Actitud, nena. Ac ti tud.
martes, 8 de diciembre de 2009
Que no.
Se pasó los dedos por los labios y cuando los miró estaban cubiertos de sangre. Otra vez ese gusto en su boca. Ese gusto amargo que le demostraba otra caída, otra batalla perdida. Indefensa, sola, así estaba. Intentaba no llorar, pero inevitablemente las lágrimas le saltaban de los ojos. Ese gusto en su boca le demostraba que nada iba a cambiar. Esas promesas de mejorar, de ser distinto, de ser el hombre que ella esperaba, se desvanecían por completo cada vez que tragaba. Abría los ojos cada vez más, pero todo era borroso y no conseguía ver dónde estaba. Quería levantarse del piso y ponerse de pie, pero no tenía fuerza. Sus brazos no respondían y sus piernas estaban completamente paralizadas, como si no formaran parte de su propio cuerpo. Se recostó sobre un solo lado para descansar un poco y en seguida recibió otro golpe en el estómago, ese golpe tan conocido que ya no la sorprendía, simplemente le hacía dar cuenta de que la rutina se repetía y ella seguía sin poder escapar. Otra vez las mismas sensaciones en su cuerpo, otra vez la falta de aire. Intentaba hablar pero no conseguía pronunciar una sola palabra, movía sus manos rogando que los golpes terminaran, pero el mensaje se invertía y recibía una segunda patada en su estómago, y una cuarta, y una quinta y así perdía el conocimiento por unos minutos. Su mente estaba casi en blanco, sólo podía pensar en el dolor que le provocaba cada golpe y en el dolor que sentía por cada herida, por cada moretón viejo y por los que recién estaban empezando a formarse. Cicatrices viejas que estaban sangrando nuevamente y cortes nuevos que serían otras cicatrices en su cuerpo, un cuerpo lleno de marcas que evidenciaban una vida que no coincidía con su idea de felicidad, que no eran fieles a su idea de amor para toda la vida.
Así se quedó en el piso.
El tiempo es irrelevante cunado el dolor es tan fuerte y uno sólo piensa en hacerlo desaparecer, por lo que nunca supo cuántas horas o minutos pasaron desde que él se fuera de su cuarto hasta que ella se pusiera de pie. Pero el hecho es que se levantó y en seguida se dirigió al baño para limpiarse la cara y curarse algunas heridas. Con la poca fuerza que le quedaba levantó la cama de su cuarto, esa cama que compartía con él hace muchos años, pero que hoy solamente representaba todo lo que ya no compartían. La separó de la pared y buscó la marquita que había hecho hacía dos semanas. Cuando la encontró, dio un golpe seco contra la pared y sacó aquello que se encontraba escondido ahí dentro. Caminó directamente hacia el sillón de la chimenea, pues ya era habitual en él prender un cigarrillo y contemplar el fuego después de golpearla como lo había hecho esa noche. Apretó bien fuerte el arma en sus manos y levantó sus brazos con toda la fuerza que tenía, toda la fuerza que él mismo había utilizado en cada golpe, en cada piña, en cada patada o en cada empujón por las escaleras. Esa fuerza con la que él la había humillado y la había arrastrado por el piso tirándole tan sólo de un mechón de pelo, toda esa fuerza estaba ahora en sus manos a punto de concederle su venganza tan merecida.
En defensa propia, claro que sí. Pero los tribunales siempre fallan cuando las pruebas no son suficientes y cuando las evidencias no concuerdan con el relato de la acusada. No importa. Su libertad depende de si misma y sueña sola. Independencia adquirida por su declaración de ser mujer. Libertad conseguida a través de un crimen en primer grado, premeditado. Una treinta y ocho comprada dos semanas antes y tres balazos en el pecho. Por supuesto que en el pecho, las mujeres valientes lo hacen de frente, mirando a los ojos, despidiéndose con ese contacto que las libera, ignorando el vago pedido de lástima y remordimiento al que ellos se someten cuando no hay otra salida. No importa la ropa, no importa el baño, no importa la cama en la que le toque dormir de ahora en adelante, ni la comida que le toque comer. Labores variados, tareas asignadas. NO importa. Nada es relevante. Su libertad está en su mente. Ella la compró y ahora es dueña. Ella no le debe nada a nadie. Ella tiene su venganza hecha y una vida por delante. Los límites son propios. Ella es dueña, ella es mujer sola.
lunes, 30 de noviembre de 2009
HOUSEWIFE. Cena Romántica.
Me sequé el pelo y me planché solamente el flequillo, hacía mucho que no me quedaba tan bien. Me pinté las uñas y me puse el conjunto de encaje que me había comprado especialmente, a lo mejor hacía maravillas. Estuve paseando semi en bolas por todo el cuarto mientras se me secaban las uñas y una vez secas, me puse los tacos y el vestidito negro de Dior que Marcos me había regalado cuando cumplí 40 y que sólo había usado ésa vez. Me maquillé un poco, base, tapa ojeras, ojos un poquito negros y boca un poquito roja. Me puse mis aros de oro blanco y la cadenita haciendo juego. Me paré frente al espejo, di una vueltita y pensé: “Si Marcos no me mata así, me mato yo”. Estaba hecha una yegua, una yegua con clase, claro.
Bajé al comedor y giré de a poco la bolita de las dicroicas hasta conseguir la cantidad de luz adecuada para la ocasión. La mesa estaba perfecta, prendí las velas de los candelabros, las apagué y las volví a prender. No estaba muy convencida, pero después de todo sino para qué están.
Serví las papitas que ya estaban bien doradas en una pirex de vidrio y en otra igual las zanahorias caramelizadas, no pude evitar probar una y me puse contenta al comprobar que me habían salido muy ricas. Corté algunos pedazos de carré y los puse en una fuente con un poco de jugo y los dejé en el horno ya apagado. Ya eran las nueve y media y Marcos estaba por llegar en cualquier momento. Me fijé en la mousse que estaba en el freezer y llegué justo a tiempo para cambiarla a la heladera, sino iba a terminar congelada.
Me senté en mi lugar de la mesa y así empezó mi espera. A los quince minutos lo llamé a Marcos y no me contestó. Lo mismo pasó con las otras diez llamadas que le siguieron. Estaba a punto de dejarle un mensaje, pero se me hizo un nudo en la garganta y tuve que cortar. Tenía tanta bronca que las zanahorias fueron a parar a los pies de la escalera y con las papas improvisé un nuevo decorado en la pared del comedor. Lo único que se salvó fue el carré, sino vaya uno a saber cuál hubiese sido su destino.
Una hora más tarde ya había limpiado todo. Típica descarga mía, si tan sólo pudiera limpiar lo que en verdad necesito limpiar. Cada cosa ya estaba de vuelta en su lugar, levanté la mesa del comedor y hasta cambié las velas de los candelabros, para que las mechas quemadas no me delataran. Por último me saqué la pintura, o lo que quedaba de ella después de tanto llanto, y guardé el vestido en su lugar de siempre.
Finalmente me acosté en mi lado de la cama. Estaba sola, rendida. Cerré los ojos intentándo dormirme. Los volví a abrir cuando sentí que alguien estaba ocupando el otro lado de la cama, pero yo no sabía quién era ese alguien, ya no reconocía a ese hombre que se acostaba al lado mío. Los diez centímetros de colchón que nos separaban eran inmensos y con tal de ignorar esa distancia entre nosotros, cerré los ojos otra vez y simulé dormir hasta que me dormí de verdad. Me dormí pensando que quizás a la mañana siguiente Marcos se despertaría a mi lado y no el hombre que acababa de acostarse en su lugar. Me dormí pensando en esa idea. Me dormí soñándola. Me dormí.
Máximas para ELLA.
2. NO a la sombra celeste.
3. Jamás jean clarito al cuerpo con cinturón finito negro. Jamás.
4. No te comas las uñas si estás con el.
5. Sentáte bien.
6. No lo llames ebria. Nunca.
7. No le mandes mensajes después de las 3 am.
8. Andá despacio.
9. Si te gusta, comportáte.
10. Dejálo hablar de lo que tanto le gusta.
11. No seas "stalker".
12. No pienses siempre lo peor, puede no tener señal o tenerlo apagado.
13. Cortála con la inseguridad.
14. Pensá antes de hablar.
15. Pensá antes de actuar.
16. Pensá siempre.
17. No pienses tanto.
18. No aceptes un "sos una histérica", bajo ningún concepto. Jamás.
19. Provocálo.
20. No te rías de TODOS sus chistes.
21. No empieces con el “gordi” si el no usó algún apodo primero.
22. Si querés que vaya, nunca un "quiero que vengas". Dibujála.
23. No seas la primera en decir "te quiero".
24. Cortála con la paranoia.
25. Cruzá las piernas.
26. Si el fútbol no te interesa, mejorrr!
27. Cuando mire fútbol, hacé las preguntas estúpidas o comentá el pelo de Crespo. Lo está esperando para sentirse bien machito.
28. Ponéte la mini más corta para salir con las chicas y aseguráte de que te vea antes.
29. Proponé vos también.
30. Pagá algo, nena.
31. Que nunca suene a planteo. NUNCA.
32. No tenés que estar linda, tenés que ESTAR BUENA.
33. Cuando lo quieras largar, cuidado con las típicas frases, mirá si quedas como la hija de puta vos.
34. Que nunca se entere que lo camparás con tus ex.
35. Dejálo que te enseñe a manejar, o a hacer algo. Es bueno para su EGO.
36. Hacéte la interesante, mostráte de a poco.
37. Secáte las lágrimas vos.
38. Si te quedaste en casa, saliste con las chicas. Vos siempre a mil.
39. Renováte.
40. No hables todo el tiempo de vos.
41. Si te aburrís, remála.
42. El primer paso es de él, el segundo también, el tercero recién es tuyo.
43. Dejálo pensar que lleva el control, después se sorprenderá solito.
44. NO te pongas su camisa a la mañana siguiente, eso dejáselo a Julia Roberts.
45. No te quedes.
miércoles, 25 de noviembre de 2009
Máximas para EL.
Flowing.

martes, 24 de noviembre de 2009
Silencio, porrr favorrr.

¡Ay me tienen hinchados los ovarios! Los peores son mis colegas. Si les contara yo…
¡¡Los residentes!! Que manga de chupa culos, loco. ¿No se cansan, che? Una manada de residentes que le chupan el culo a los médicos, las enfermeras que le chupan el culo también, porque están semi enamoradas, del talento, claro. Los pacientes, todos… al final esto es una orgía de chupa culos que fantasean con triunfar gracias a chupar un culo. ¿Qué es esto? Rompete el culo en lugar de chupar uno ajeno. ¡¡Que mediocridad, por favor!!
Y las enfermeras no somos todas lindas. Desmitifiquemos esa idea pelotuda que no se quien la inventó. Osea, NO… es mentira. Viste, viene el pelotudito caliente y se cree que se va a bajar el pantalón para que le pongan la inyección y que va a venir una nose, Scarlett Johanson vestida de enfermera con los labios bien rojosy las tetas bien paradas, y le va a guiñar el ojo antes de la inyección y después como mínimo nose, hacerle un pete. O de última le chupará el culo también y así se une a la orgía generalizada del hospital. Tamos todos locos.
La otra vuelta llega el partero, que es casi una ceremonia cada vez que entra porque tiene un semi parecido así a esteee... Keanu Reeves, que no se que historia tienen las mujeres con este Keanu, que no se si es chino o japonés… Pero bueno, llega el partero, perdón obstetra viste porque no le podés decir partero el tipo es obstetra y le gusta el nombre… Puta, lo único que hace es sacar a la criatura de adentro de la panza, que tenés que esperar a que se acomode, porque es un bardo sino… y la que hace el laburo es la madre que se desgarra todos los músculos de las piernas que los tiene inactivos a partir del tercer mes de embarazo, porque olvidate de que el marido la toque para tener sexo, con la panza y todo lo que viene con el embarazo y los 20 kilos de más… ¿viste? En fin, se queda muerta la mina después de horas y horas de pujar y pujar, gritando como nunca pensó que iba a gritar en su vida, totalmente agotada y bañada en sudor… pero claro, el tipo es obsteeeeeetra. Y olvidate de que los maridos hagan algo y participen. No... Ni hablar. ¡¡El único que se anima a entrar a la sala de partos, es el que viene con la camarita para documentar el momento del nacimiento, por dios... ¡¡pasa TODOS los días del año!! ¿Que le van a mostrar al hijo cuando cumpla 18 años? Vení vamos a ver tu nacimiento… ¡¡que lindoooooo la concha de mamaaaa!!
Pero bueno cuestión que entra el obsteeetra y pasa por adelante mío 50 veces, hablando por el teléfono celular, otras 5 veces que les suena el beeper de los partos… y el tipo inmutado por mi pedido de silencio. Y yo que me quedaba en el molde, me apretaba los dedos, se me ponía la cara cada vez mas roja... casi me tenía que salir del cuadro y gritarle ¡¡¡Callate hijo de puta!!! Da el ejemplo, por lo menos. Y el tipo va y viene, tiene 30 partos por día, porque todas se preocupan de que el médico que les va a sacar al hijo sea lindo, porque las va a ver pujando en bolas… Digo, ¿qué te pensas que a esta altura de su carrera al tipo le calienta ver una concha en pleno parto?
La Cumbre 09.
El maneja auto, acompañado por otro el. Frena y acompaña sus pasos.
- Hola, brillantina. ¿Dónde es la fiesta?
- ¿Qué fiesta?
- Uuuy si te contesto te mato.
- Ja, ja, ja. (Seguida de una cara de orto.)
- Digo, ¿no estás vestida para salir?
- No, estoy disfrazada porque canto en un coro.
-Aaaah mirá. Un coro, qué lindo.
- Si.
- ¿Me cantás algo?
- ¿¡Porqueeeeeeeeeee no te vaaaas un poquiiiiiito al carajooooooooo!? Es que soy soprano, sory.
Por necesidad.

jueves, 19 de noviembre de 2009
Domingo a la mañana.
Sentís como tu cabeza todavía da vueltas.
Sentís los parpados pesados, la boca seca que pide a gritos un vaso de agua.
De a poco percibís ese olor a humo de cigarrillo, mezclado con un poco de cerveza o fernet y sentís tu cuerpo sucio, tus pies sucios. Te sentís sucia.
Intentás pensar que todavía estas soñando y podés volver a despertarte de otra manera, de alguna mejor, pero no, es imposible.
Ante la falta de fuerzas, poco a poco vas deslizando las sábanas hasta que tu cuerpo queda descubierto del todo, soportando el frío. Muy despacito levantas la cabeza, pero al ver tu cuerpo tan vencido volvés a recostarla sobre la almohada.
Unos minutos después la volvés a levantar y ésta vez sin mirar, te incorporás del todo.
Sacás tus piernas afuera de la cama y muy a pesar tuyo te ponés de pie y empezás a caminar.
Cada paso que das retumba en tu cabeza y cada segundo que estás un poquito en el aire tenés miedo de caerte. Llegas al baño, pegás tu cara al lavatorio y con tus manos muy debilitadas le echas agua, una y otra vez hasta sentirte del todo despierta y tomás agua hasta sentirte del todo saciada.
Levantás la vista, mirás el espejo y entonces, lo inevitable. Casi ni te reconocés y cuando finalmente lo hacés te cuesta aceptar que en verdad es tu rostro el que se ve reflejado ahí. Ese que ahora se siente mejor porque el agua que tomaste va hidratando de a poco cada una de sus partes.
Pero la que no se siente bien sos vos.
Intentás recordar qué fue lo que te llevó a este estado pero es imposible, o quizás se puede, pero preferís no hacerlo.
Te preguntás si habrá alguien en el mundo que se esté sintiendo igual, o peor. Y realmente deseás que alguien se esté sintiendo peor para poder cargar con menos culpa, aunque eso no anularía el hecho de que hoy te encontrás en falta.
De repente v

Y finalmente te das cuenta de que la pasaste bien, sí, pero también te das cuenta de que eso ni siquiera se acerca a ser algo que haga que valga la pena el estado en el que te encontrás ahora mismo.
Te sentís estúpida, frágil, idiota, inmadura, cansada, vulnerable, angustiada, triste, perdida, trivial, sola, vacía… y llorás… llorás mucho.
Tanto, que hasta vuelve ese dolor de cabeza que había logrado desvanecerse y en unos pocos minutos te encontrás empapada en tus propias lágrimas.
Un rato después, ya con tu cuerpo limpio y perfumado, disfrazando un poco o al menos queriendo disimular esa tristeza que te invade por dentro, salís de tu casa.
Quizás te cruzás con algún vecino o vecina a quien le sonreís de la manera más amargada que jamás le habías sonreído a alguien. Bajás las escaleras y salís al aire libre, al sol.
Y entonces empezás a caminar, y con cada paso te vas recuperando.
Y así, te alejás.
Vas dejando atrás todo ese fracaso y empezás a mirar hacia adelante, buscando una meta, un aliado, algún abrazo y tratando de encontrar un nuevo camino que de alguna manera pueda ser el tuyo.
¿Con mímicas?

Abierta hasta el amanecer
American Puti
Bailando con zorras
Cabalgando a Miss Daisy
El imperio se la machaca
El joven manos pajeras
El cartero siempre folla 2 veces
El hombre que se la chupaba a los caballos
Follo sobre mi madre
La noche de los zombis calientes
La casa de las tangas voladoras
La delgada raja roja
La guarra de las galaxias
Nelson Manguera
Penetren a Willy
Puta a la fuga
Semental querido Watson
Tócamela otra vez
Follate a mi lado
Ya se quien te la chupó el verano pasado
Mujeres al borde de un ataque de miembros
El Señor de las Argollas: Las dos Vergas
Irene, Yo y mi Pija
Agarramela como puedas
Arma Rectal
Querida me he cogido a los niños
Conflicto Anal
Las Azafatas se abren de Patas
Mientras me la comías
Más Adentro
Penetrado en casa 2: Perdido en tu coño
Peter Pene
Shakespeare in Fuck
Ultimo polvo en París
Daniel el Pajero
Ellas las prefieren largas
Duro de Mamar
Sexo Sentido: Veo gente en bolas
La banana mecánica
Las maduras me la ponen dura 2
Los rompeculos
Mamá quiero ser actriz porno
Un pene llamado Wanda
Al otro lado de la mamada
Bragueta Tropical
Una pajera en París
Hombre alzado en llamas
miércoles, 18 de noviembre de 2009
Ni bombón, ni bellota: burbuja.

Casados con hijos.
Claudia Piñeiro, Las viudas de los jueves.
Sin paraguas estamos mejor.
Los chiquitos son divinos. Están en todos lados y te sacan de apuros porque son baratos y fáciles de guardar. Entonces… estás en la calle y se largó tremenda Santa Rosa. Entrás a Farmacity a llevarte tu paragüitas, tardás tres horas en elegirlo, porque son tan “cute” que lo querés de algún color lindo, o un cuadriculado interesante. Lo elegiste, te llevaste de yapa 5 porquerías más, porque en la Ciudad de la Farma es imposible no tentarse, y salís hermosa bajo tu paragüitas nuevo, creyendo que solucionaste para siempre el tema lluvia/paraguas porque con el nuevo tamaño pocket que encima te salió 30 pe, la vida es más fácil. ¡¡Mentiiiiira!! No caminaste ni dos cuadras, que la mano ya te empieza a temblar, el viento es tan fuerte que el divino piragüitas barato está a punto de doblarse al medio. Lo ponés a contraviento para no hacer papelones, pero te empezás a mojar. Para estar así, más vale cerrarlo, entonces insistís en mantenerlo bien firme en tus manos, haciendo toda la fuerza ingeniosa que tenés y poniendo tu mejor cara de “que chocha que estoy debajo de mi umbrella mini pocket”, pero contra las fuerzas de la naturaleza no hay nada, y el viento consigue doblar al medio esa divina tela que cubría los alambres que te estaban facilitando la vida y como por arte de magia, de un momento a otro, chau paraguas nuevo. Acá es cuando te desesperás, buscando que este momento patético dure lo menos posible. Tratás de cerrar el paraguas, pero por mucho que intentes no conseguís achicarlo. Te morís de ganas de tirarlo a la calle, pero sabiendo que no da, buscas como loca un tacho para deshacerte del objeto en cuestión, y cuando por fin encontrás uno, corrés hacia él y en el camino te resbalaste, porque tenías puestas las ojotas que resbalan… ¡splash!... la bendita baldosa floja de la que venías zafando hace rato. Malhumorrrrrrrrrrrrr es poco para esta altura. Tirás el paraguas, te mirás los pies empapados, tu pelo que venía divino chorrea agua como recién salido de la ducha y tu ropa…bueh, para que entrar en detalles. Conclusión: perdiste tiempo comprando un paraguas que de divino no tenía nada, gastaste 30 pe, más un extra en porquerías que te llevaste de Farmacity, hiciste tremendo papelón durante dos cuadras y encima el resultado es el mismo…¡¡estás empapada!!

Entonces, ¿sabés qué? No pierdas tiempo en un invento que lo único que hace es borrar lo lindo de la lluvia. Los hay de todas las formas y colores, transparentes y con motivos, para uno, para dos, para perros y hasta para fanáticos de Star Wars… pero para facilitarte la vida, todavía no hay ninguno.
Entonces mirálo un poco a Gene Kelly y canta “Singing in the rain”, o date un buen beso apasionado bajo la lluvia, bien de película romántica.
Pero la próxima, si o si, salí sin paraguas.